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Un beso a todos.

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Mejor premiar que castigar
Las nuevas corrientes pedagógicas y psicológicas y la propia experiencia de los padres han demostrado que en la educación son mucho más efectivos la motivación, el diálogo y la negociación que la represión. El niño que recibe constantes reprimendas se sentirá triste y humillado o se rebelará ante tantos castigos, reforzando su mal comportamiento y siendo, incluso, más desobediente. Por eso, incluso en aquellas situaciones en las que crees que lo mejor para tu hijo es un buen rapapolvo, debes ser precavido. Antes de actuar, piensa si le quieres castigar por la gravedad de la falta o tu propio enfado. Explícale porqué su comportamiento no ha sido bueno y desaprueba su conducta, nunca al niño.
Tácticas para que obedezcan:
- Poner unas normas claras. El niño ha de saber qué ocurrirá si desobedece. Por ejemplo, se le puede decir “las cosas las diremos sólo una vez, y si no haces caso las consecuencias serán estas”; unas consecuencias que, según la edad del niño y su comportamiento, pueden variar: mandarle a su cuarto a reflexionar, no prestarle atención….
- Actuar inmediatamente si no obedece. No caigas en sus provocaciones, ni respondas a sus quejas o entres en pelea con él. Haz directamente lo que te habías propuesto.
- No intentar razonar con él. Es inútil, sólo intenta “liarte y ganar tiempo”. Por supuesto, hay que dialogar con los niños, y mucho, pero no en ese momento. Es importante esperar a que estén calmados y receptivos.
- Los niños son muy sensibles al lenguaje no verbal. No hace falta hablar y mucho menos gritar; basta con mirar al pequeño con seguridad y firmeza y que vea que con esa actitud no va a conseguir nada
- Animarle cuando actúa bien. Debemos reconocer su esfuerzo y prestarle atención cuando obedezca y tenga buena actitud.
También hay que evitar:
- Castigar al niño por periodos largos de tiempos. De otra manera, sentirá que sus padres no le dan la oportunidad de portarse bien. Además, como ya está castigado, ¡para que esforzarse en el comportamiento correcto!
- Prohibirle todo lo que le gusta. Y es que, cuándo se porte bien, ¿con qué lo reforzaremos?
- Las frases “eres un niño muy malo”. Desaprueba su comportamiento, no su personalidad.
- Convertir el castigo en una revancha. En ningún caso, debe estar condicionado por tu estado de ánimo o por lo mucho que te haya hecho enfadar.
- Las amenazas. No son nada efectivas en su educación y sólo conseguirás dos efectos contrarios: o el pequeño las ignora, porque se da cuenta de que son palabras vacías, sin consecuencias, o le afectan tanto que acaba convirtiéndose en un niño asustadizo.
Fuente: guía del niño.com
Cuando llegue la hora de buscar y encontrar un colegio adaptado a vuestros hijos, deberíamos tener en cuenta las siguientes sugerencias:
Los educadores: Los que atiendan a los niños entre 0 y 3 años deben tener, como mínimo un título de Jardín de Infancia, y los que atiendan a los niños entre 3 y 6 años, deben ser Maestros de Educación infantil. Observa cómo hablan con los niños, cómo se dirigen a ellos, si son muy imperativos, si sus palabras son tiernas o duras, y observa también cómo se dirigen a los otros educadores, así podrás tener alguna pista de cuál es el ambiente de trabajo. Conviene observar cómo les hablan los niños y si les dan muestras de cariño y de cercanía. Debemos recordar que los niños pequeños están en una etapa aún muy física en la que los abrazos, el cariño y la dulzura en los movimientos y los contactos son importantísimos.
El espacio: Las aulas deberán estar bien iluminadas, mejor si tienen luz natural. La amplitud de espacios facilita el trabajo con los niños y evita tensiones innecesarias fruto de interrupciones o molestias entre los niños en la actividad diaria. La limpieza y el orden en los materiales, los suelos, los cambiadores, los lavabos y la cocina te dirán hasta qué punto ése centro está bien cuidado. Debes observar las normas de seguridad en puertas (bisagras y marcos que eviten pillarse los dedos), escaleras con baranda a la altura de los más pequeños, cantos vivos en mesas altas, puertas de seguridad, productos nocivos en armarios cerrados, etc…
Ratio: El número de niños por educador debe cumplir la normativa vigente, así los maestros de los menores de 1 año tendrán un máximo de 8 niños por aula, los de 1 a 2 años, máximo 13 niños y los de 2 a 3 años, 20 niños por clase.
Línea educativa: Debemos informarnos de la línea pedagógica del centro. Si tienen programas educativos establecidos con objetivos pedagógicos determinados. La etapa entre el nacimiento y los seis años es decisiva para el futuro del niño. Sus capacidades para aprender, para imitar y reproducir actitudes y comportamientos se encuentran al máximo de sus posibilidades. La Escuela que atienda a nuestro hijo debe tener un programa claro de trabajo, con actividades orientadas a la experimentación y el descubrimiento con materiales específicos, espacios y materiales para el trabajo psicomotriz, actividades que faciliten aprendizajes musicales y sensoriales, y, sobre todo, debe contar con reuniones periódicas entre los educadores que garanticen un seguimiento específico del avance del grupo y de nuestro hijo en particular. El resultado de todo el trabajo debe quedar reflejado en informes periódicos que deberán ser entregados a los padres regularmente y mejor con entrevistas personales en las que se puedan dilucidar dudas, conflictos o aclaraciones.
Niños con necesidades educativas especiales: Si nuestro hijo requiere adaptaciones pedagógicas o de espacio debemos cerciorarnos de que dispondrá de los recursos humanos y materiales adecuados a su realidad. No nos conformemos con promesas, nuestro hijo merece lo mejor y la Escuela debe facilitarle atención profesional específica (psicólogo, pedagogo, pediatra), adecuación de espacios, del horario y información regular de los avances o de las dificultades específicas del niño. No nos conformemos con menos.
La distancia al hogar o al trabajo de uno de los padres: Cuando el niño es muy pequeño debemos tener muy en cuenta que los largos desplazamientos pueden dificultar el buen funcionamiento familiar.
Los aseos y cambiadores: Las aulas de los niños a partir de dos años deben tener aseos propios con material sanitario de su medida. Los cambiadores en las aulas de los más pequeños conviene que tengan una cristalera desde la que el educador pueda ver al resto del grupo cuando deba cambiar a algún niño.
La comida y el comedor: Cuanto más pequeño es el niño más debemos cuidar su dieta. Preguntemos si la Escuela hace su propia comida, conozcamos a la cocinera, visitemos la cocina o si por el contrario se la sirve una empresa especializada, preguntemos quién decide los menús y preguntemos a los padres por la calidad de la comida. El comedor debe ser una sala diferenciada y de uso exclusivo para poder asegurar las normas de higiene y limpieza.
La hora de la siesta: Conocer cómo organizan la hora del descanso, tan vital en esta etapa, pasa por el tipo de hamaquitas que se utilizan, si tapan a los niños con sabanitas o mantas en invierno, si duermen todos juntos o por grupos, cuántos educadores se encargan de la vigilancia y qué hacen cuando un niño no quiere dormir o se despierta antes de hora. Son detalles que nos hablan de cómo cuidan a cada niño, es decir, si se respeta suficientemente la individualidad de cada alumno sin entrar en conflicto con el funcionamiento escolar.
Área de recreo: Por cada 9 aulas debe haber 1 patio exterior superior de 75 m2 de uso exclusivo para el centro. Debemos observar los espacios de juego que tienen. Si disponen de suficiente material para todos los niños: cubos, palas, triciclos, arrastres, y si hubiese estructuras fijas de juego, deberemos comprobar en qué estado se encuentran y el tipo de suelo sobre el que están instaladas.
Servicios profesionales: Si cuentan con pediatra, psicólogo y pedagogo.
Fuente: Carmen Herrera García (Profesora de Educación Infantil y Primaria) para la web solohijos.com
¿Cuándo se forma la autoestima?
A largo de toda la vida. Antes incluso de haber nacido: si tu hijo es fruto de un embarazo deseado, será recibido como alguien querido e importante para sus padres. Y esto es algo que le aportará seguridad desde muy temprano. Después, se trata de una conquista constante, granito a granito, que no termina nunca pero en el que existen dos momentos claves.
Consejos
1. Ayúdale a conocerse. Enséñale a aceptarse tal como es, transmitiéndole que todos somos “únicos e irrepetibles”, y que nuestro valor como persona reside en este principio. Ayúdale a encontrar sus puntos fuertes
para que aprenda a compensarlos con los débiles. “No eres excelente jugando al fútbol, pero haces unos dibujos muy bonitos”.
2. Huye de las etiquetas. “Eres lento”, “Mira que eres patoso”… Si una y otra vez le repites que es lento, terminará creyéndoselo y reaccionando en consecuencia. No le humilles y evita los gritos y las críticas delante de los hermanos o los amigos.
3. Valora sus esfuerzos, no los resultados. Si el balance final es satisfactorio o no es secundario. Tu actitud debe centrarse en animarle, en abonar el camino para que la siguiente vez que quiera intentar esa misma tarea, se vea con ganas y, sobre todo, se sepa capaz.
4. Ponle límites y metas. Cuando se enfrente al mundo real, no podrá conseguir las cosas “porque sí”, y entonces se sentirá enormemente frustrado. Por esta razón, enseñarle a tener paciencia, a aplazar sus deseos, y a lograr las cosas mediante el esfuerzo personal, es la mejor manera de convertirle en una persona fuerte y luchadora.
5. Plantéale nuevos retos. Teniendo en cuenta su edad y su nivel de madurez, deberás ir pidiéndole que realice ciertas tareas. Para aprender a ser autónomo, necesita de tu colaboración. Se paciente y comprensiva, y ten en cuenta que está aprendiendo, y que los errores son parte indispensable del proceso.
6. Fomenta el diálogo positivo interno. Cada vez que tu hijo rechace una tarea con un “es que no puedo, no sé hacerlo”, ayúdale guiándole y animándole. Cuando lo consiga, felicítale por el logro y pídele que él haga lo mismo en voz alta “he podido hacerlo”.
7. Pon humor en vuestra vida. Mientras los adultos hablamos, los niños sienten e interpretan. La proximidad física se traduce en proximidad psicológica y refuerza los vínculos afectivos, lo que actúa de bálsamo para salir airoso de las situaciones más complicadas.
8. No le presiones. El desarrollo de una autoestima sana pasa por compararse únicamente con uno mismo, procurando ser cada día, a través de la constancia, un poco mejor. También debes tener cuidado con la visión que él tenga de vosotros, sus padres y máximos referentes en la vida. Un padre que haya llegado muy lejos en su vida profesional, puede terminar siendo un problema para el niño. Lo verá como un ideal inalcanzable. Por tanto, no hagáis gala de vuestros logros continuamente, y dejad ver que ese ser “idealizado” también tiene defectos.
9. Muestra qué es la amistad verdadera. La relación con los demás es una parte muy importante en la vida de tu hijo. No se tratar de que tu hijo sea el más popular de su grupo, sino de que logre amistades verdaderas y positivas. Para ello, comienza por enseñarle normas básicas de cortesía y buenos modales, y maneras de iniciar una conversación con otro niño. Además, es importante que aprenda a ponerse en el lugar del otro, y sobre todo, que sepa diferenciar quiénes son de veras sus “amigos”.
10. Ámale por encima de todo.
Tu hijo debe saber que le quieres con un cariño incondicional, que no depende de las notas que saque en el cole, de lo bien que se le dé el fútbol. Sentir que forma parte de una familia que le ama y le respeta, con la que se puede comunicar, le aporta la seguridad necesaria para enfrentarse al mundo y para abrirse a los demás.
Fuente: Guía del niño